miércoles, 24 de enero de 2018

Los murales de GEORGETOWN

Y no se puede hablar de Georgetown sin alabar su espléndida gestión turística (en el casco antiguo solamente, por desgracia), artistica y patrimonial, y su ejemplo más importante es la impresionante colección de murales de gran calidad que poco a poco va invadiendo los rincones y callejas de la ciudad.





Este movimiento empezo con la contratación del gran muralista lituano Ernest  Zacharevic en el año 2012 durante el Festival «Marking Georgetown». Su impresionante éxito ha atraído a muralistas de todo el mundo, patrocinados por el Estado, empresas, particulares, o incluso por ellos mismos a cambio del privilegio de figurar en este precioso museo al aire libre.


El genial Zacharevic suele combinar la pintura con objetos reales



Ir a la descubierta de estas obras de arte (a menudo semiocultas en callejones o disimuladas en un edifcio o tienda) es una auténtica gozada. Para ello el Ayuntamiento ha editado un mapa al respecto, y también aparecen en aplicaciones tipo Maps.me, Here, etc.

Aunque hay tantos que es imposible que aparezcan todos, de manera que se acaba peinando todos los callejones a la búsqueda de sus tesoros...





Qué gran idea para embellecer una zona vieja sin agobiar el presupuesto!

Ls serie de murales «101 gatitos perdidos» es una de mis favoritas.



GEORGETOWN (Isla PENANG)

Llego a Georgetown en ferry, tras un cómodo viaje en tren desde KL

Lo primero que se ve desde el mar son sus enormes y numerosos rascacielos: no sólo en el centro moderno, sino también a lo largo de las playas: Benidorm en versión gigante, y abrumado por el comercio: en forma de miles de tiendecitas o de inmensos centros comerciales de puro estilo yanqui; y una se teme lo peor...

Pero en cuanto entro en el centro histórico siento el encanto que ha hecho famosa esta ciudad colonial Patrimonio de la Humanidad de la Unesco: a pesar de los numerosos turistas -casi todos asiáticos- Georgetown rezuma tranquilidad, cordialidad  y arte de vivir. Nadie me aborda para ofrecerme nada, pero sí para preguntarme de dónde soy, cómo es que voy sola, si me gusta Malasia....





Las callecitas porticadas de encantadoras casitas de la zona china, el colorido del barrio de Little India y los pocos coches -se ve una apuesta decidida por la bici y el transporte publico en la parte vieja, nuevamente con un bus gratuito que la recorre- la hacen una delicia para pasear. La única pega es el calor del mediodía! Pero con evitarlo ya está solucionado.








En otra entrada aparte comento sus célebres murales: valdría la pena el viaje sólo para verlos.


Tengo la suerte de estar en fin de semana y, como siempre, pateo un monton, más allá de las rutas turísticas. Y disfruto lo mío viendo a la gente disfrutar de su finde, sin occidentales. Ellos se lo pierden! Los famosísimos puestos callejeros de comida, los paseantes y pescadores del Paseo Marítimo (eso si, cortito a causa de los asquerosos hotelazos y resorts que roban la costa sin reparos), mercadillos encantadores, los niños jugando en los parques - por lo visto la ultima moda son las pompas de jabón...








 La famosa comida callejera de Malasia: Exquisitos Char Koay Teow y zumo de manzanas rosas por 1 euro y medio...


Y por fin empiezo a dominar los palillos!

El casco histórico de Georgetown es uno de los más atractivos que he visto en mis viajes, y lo mismo se puede decir de su gente y su actitud. Gracias Penang!




lunes, 22 de enero de 2018

MALASIA - KUALA LUMPUR

Y ya estoy en Malasia, emporio comercial y cruce de culturas: la malaya originaria, mayoritaria por poco y principalmente musulmana moderada; la china taoista y la india hinduista.


Esta mezcla ha dado al mundo la célebre y exquisita cocina malaya, uno de los grandes atractivos del país. Pero también tiene preciosas ciudades coloniales como Georgetown o Malacca (Patrimonios de la Humanidad de la UNESCO), montes, selvas y playas, y una buena parte de la bellísima isla de Borneo. En realidad es un pais muy parecido a su vecina Tailandia, pero sin su avalancha de turismo de masas: hay muy pocos turistas occidentales, casi todos son asiáticos. Mejor para mí!

Kuala Lumpur (o KL como la llaman sus habitantes), moderna, desarrollada y superlimpia, me recibe con una red excelente de baratisimo transporte público (hay una linea de buses gratuita que recorre los puntos de interés de la ciudad) y a pesar de ellos unos embotellamientos más que notables. Aunque llama la atención su calma y silencio: ni un claxon, ni un intento de escurrirse.... la gente es cordial y educadisima, y nunca falta quien me pregunta a dónde voy si me ven dudar por la calle.



Aquí estaré con las hermanas chino-malayas Doreen y Yihan (pronunciado Shan), amigas del Couchsurfing a las que aloje en mi casa hace años. Y menuda manera de devolverme el favor! Se pidieron los días libres en el trabajo, me llevaron a todas partes, y no me dejaron pagar ni un ringling (curiosamente, ellos les llaman «dólares»).


Con ellas (y a veces con el simpatiquisimo  marido de Doreen, Soon -pronunciado Shon-) me puse morada de fantástica comida y visité el comercialisimo centro y Barrio Chino de KL - paraíso de las marcas falsas.



El segundo día, tras un desayuno chino -fideos con cerdo asado- en un cafe cuyos amabilisimos dueños son los decanos del clan Foo, el apellido de mis amigas, fuimos en ferry a la isla Pulau Ketam (isla del cangrejo), el pueblo de pescadores más encantador que he visto en mi vida, con sus casitas llenas de color engalanadas para el Año Nuevo Chino que es dentro de un par de semanas, y en donde nos pusimos a tope de pescado y marisco: huevos revueltos con ostras, navajas al gengibre, langostinos, pescado asado... total!









Por la tarde visitamos el templo taoista más importante de la ciudad, el de Thean Hou, impresionante y conmovedor, acentuado por una enorme tormenta tropical. Me queda en la memoria una chica levantando su vela como una oración ante la tormenta, con el sonido de la lluvia y el olor a tierra mojada como fondo...






Al dia siguiente y tras un nuevo desayuno chino, gigantesco (dónde se meterán mis flacas amigas todas estas calorías?), vamos a las Batu Caves, un templo hinduista situado en unas enormes cuevas a las que se accede por unos empinadisimos 227 escalones. Hay que ir con cuidado!






Pero sobre todo hay que vigilar el robo por tirón de los numerosos ladrones al acecho: docenas de macacos, malcarados y resabiados, a la caza de las bolsas de plástico en las que saben que probablemente habrá fruta. Delante de mis narices le arrancan una de las manos a una pobre cria que.se queda llorando del susto... por lo visto la gigantesca estatua de Hanuman, el dios mono, les envalentona.


Tras disfrutar del templo, cogemos un autobús  y un teleférico para refrescarnos en las Genting Highlands, un gigantesco complejo comercial y de entretenimiento a 2000 metros de altitud. La vista de las montañas entre la niebla es preciosa, y aunque el complejo no es lo mío (aunque algunos montajes de luces y pantallas son totalmente Blade Runner), un poco mas abajo está el delicioso templo de las Chin Swee Caves con su espectacular pagoda, desde donde disfrutamos de una puesta de sol entre la niebla memorable.









Y con esto termino, de momento, mis dias en KL, experiencias, comidas y amistades estupendas! Malasia me encanta!